Agustín Cadena

 

Juan Antonio Rosado: Juego y Revolución

 

En Juego y Revolución. La literatura mexicana de los años sesenta (Edamex, 2005), Juan Antonio Rosado ha reunido dos libros en un volumen. El primero es un estudio literario de mediana extensión en que el autor ofrece un panorama general de la literatura mexicana publicada en los años sesenta. Examina tendencias y transformaciones, autores y microcorrientes; y no realiza este examen como si la literatura de una década pudiera seccionarse de la tradición y estudiarse de manera separada, sino viéndola como parte de un proceso de evolución cuya fase inmediata anterior es la literatura de los años cincuenta. De una manera lúcida y sencilla, sin alardes de investigador ni paseos eruditos, Juan Antonio Rosado hace referencias por demás iluminadoras a la producción literaria incluso de décadas anteriores, hasta el Porfiriato. Con la misma precisión se detiene en las circunstancias históricas y sociales que conformaron ese complejo capítulo de nuestra historia cultural que es la década de los sesenta: tiempo de modernización y barbarie, de discusión y de militancia, cuando casi de golpe se hicieron presentes en la vida nacional el rocanrol, la revolución sexual, las drogas, los ideales de la revolución latinoamericana, la liberación de los jóvenes, el consumismo y la versión mexica del American Dream, que con su democracia de acarreados y su tecnología de lavadoras automáticas resistía cotidianamente el empuje de su contraparte, la versión mexica del sueño de la dictadura del proletariado.

Gracias a una extraordinaria capacidad de síntesis, Juan Antonio Rosado logra hacer todo esto en menos de cien páginas, a lo largo de las cuales desfilan ante nosotros todos los nombres importantes de la cultura sesentera, no sólo de la literatura sino también del arte teatral y el cine, como Juan José Gurrola y Alejandro Jodorowsky; de las artes plásticas, como José Luis Cuevas y Francisco Toledo, y de la música, como Juan Antonio Rosado Rodríguez. En el campo específico de la creación literaria aparecen desde aquellos hermanos mayores que ya tenían detrás una producción importante, como José Revueltas, hasta los entonces jóvenes y novedosos, como Salvador Elizondo, Luisa Josefina Hernández, Inés Arredondo, Juan García Ponce, Amparo Dávila, Fernando del Paso, Rosario Castellanos y los representantes de la literatura de la Onda, más otros muchos. Por supuesto, dedica un capítulo aparte a la poesía, con su lista de grandes nombres encabezada por Octavio Paz. Juan Antonio Rosado revisa luego la producción ensayística y crítica del mismo período y, en la última parte de este estudio, examina la emergencia de las editoriales y publicaciones literarias que jugaron un papel fundamental en la vida cultural de esos años.

El otro libro que, en este mismo volumen, se presenta en forma de apéndices, es un conjunto de entrevistas y ensayos de menor extensión dedicados a Juan Miguel de Mora, Emmanuel Carballo, Inés Arredondo, Salvador Elizondo y el compositor Juan Antonio Rosado Rodríguez. En la nota preliminar se justifica la presencia de estos apéndices con la explicación de que se trata de "algunos autores que ayudaron a configurar la cultura mexicana de los sesenta". La nómina de estos textos misceláneos parece obedecer más a un criterio de interés personal que a la intención de ilustrar con ejemplos concretos lo expuesto en la primera parte del libro. Sin embargo, aquí es donde se hace presente el valor extra de Juego y Revolución. La literatura mexicana de los años sesenta.

En efecto, cuando un narrador o poeta escribe un ensayo, más que reflexionar sobre otro escritor está reflexionando sobre su propia obra; está trazando su poética, proponiéndonos una manera de leerlo a él, más que al otro o los otros que ha tomado como pretexto. Ya Oscar Wilde dijo que toda crítica es una forma de autobiografía. Y en el caso de quienes además tienen una obra creativa sustancial, como es el de Juan Antonio Rosado, toda crítica es una forma de autocrítica; todo ensayo, un ejercicio de autoensayo. No se trata de un mero acto de narcisismo: Es el escritor, que ve reflejadas en la obra de otros escritores las direcciones que pretende dar a su obra. José Revueltas comentando a Dostoyevsky es más útil para comprender la obra de José Revueltas que para comprender la del novelista ruso.

Juan Antonio Rosado nació a fines de 1964, en medio de la década a la cual se refiere el libro que comentamos. ¿No es por demás significativo? No está escribiendo sobre los escritores que le son contemporáneos, sino sobre las obras que le son contemporáneas, las que tienen la misma edad que él: novelas, relatos, poesía, escritos diversos que se gestaron intelectualmente por los mismos días en que él se estaba gestando biológicamente. Aunque en la nota preliminar de Juego y Revolución. La literatura mexicana de los años sesenta dice que la idea de escribir este libro no fue originalmente suya, no creo en su inocencia. Por algo lo eligió Manuel Fernández Perera para este proyecto. Ciertamente, Juan Antonio Rosado ha dedicado ya muchas páginas y horas de cátedra universitaria a reflexionar sobre los escritores que publicaron obras importantes en la década de los sesenta. Juego y Revolución viene a ser una síntesis parcial del pensamiento de su autor y, como él mismo lo dice, es el resultado de "un mayor desarrollo de ciertos temas".

No hay que permitir que la admiración por el ensayista nos lleve a olvidar al narrador. Efectivamente, la aparente arbitrariedad de los autores elegidos por Rosado para hacer sus apéndices deja de ser tal si uno piensa en la relación que estos autores pueden tener con las creaciones narrativas de aquél; si uno es capaz de percibir la afinidad (hablar de influencia sería arriesgado) que tienen el subversivo erotismo de Farabeuf o la texturizada contención de Río subterráneo con la narrativa de Juan Antonio. La afinidad con el ilustre indólogo Juan Miguel de Mora se siente en el entusiasmo con que Rosado habla de las obras clásicas de hinduismo, en su interés por el arte y por las ars amandi de la India, y hasta en los motivos que decoran alguna pared de su departamento. Por último, el cuidado estilo con que Juan Antonio Rosado pergeña sus piezas narrativas no puede sino acusar la huella de una infancia transcurrida a la sombra de la música. LC

Juan Antonio Rosado, Juego y Revolución. La literatura mexicana de los años sesenta, México, Edamex, 2005, 148 págs.


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