Marcela Solís-Quiroga Guerrero

 

Más allá de las palabras:
Palabra y poder, de Juan Antonio Rosado

 

La palabra es, para unos cuantos, sólo el vehículo de una comunicación básica; para otros, el arma con la que se puede combatir cualquier obstáculo en la vida. Pero, independientemente del uso que se le otorgue a la palabra (ya sea meramente comunicativo o simbólico), resulta innegable el poder que posee en sí misma como logos, y el que ejerce como onoma. Al respecto, Juan Antonio Rosado señala en su nuevo libro de ensayos, Palabra y poder, publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en la colección Sello Bermejo, que el logos va más allá de la simple denominación (onoma), pues implica la manifestación de la palabra como definición, expresión, argumento, concepto y todos sus derivados.

Desde el momento en que la palabra es capaz de nombrar objetos ausentes y de darle “carnalidad” a conceptos tan abstractos como los sentimientos o los valores, es preciso advertir que sin ésta sería imposible dar un sentido coherente a lo que se vive diariamente. Ya Gabriel García Márquez noveló la importancia del nombrar los objetos en su famosa obra Cien años de soledad, y mucho se ha reflexionado sobre la naturaleza del lenguaje (basta recordar algunos diálogos de Platón, cantos religiosos o hasta la Biblia misma). Juan Antonio Rosado, quien posee una larga trayectoria como ensayista, narrador y poeta, no pierde la oportunidad de dedicar un libro, a manera de homenaje, a la que para él es más que una herramienta de trabajo, más que un medio de comunicación: la palabra.

En efecto, Palabra y poder es más que un conjunto de ensayos: es la ofrenda máxima de un sacerdote de la palabra. Se trata, pues, de dieciséis ensayos cuyo objeto de reflexión es el poder de la palabra, pues ésta —señala Rosado— es capaz de promover tanto la creación como la destrucción entre los hombres. Un individuo que domina el lenguaje puede lograr cualquier cosa: manipular, engañar, persuadir, argumentar, convencer, discernir… Quien le rehuye a las palabras favorece la incomunicación, el solipsismo y la ignorancia. No es gratuito que Juan Antonio Rosado plantee, por medio de sus ensayos, que el Logos es el principio y el fin, origen y destino.

El autor de Palabra y poder es consciente de que nuestra visión del mundo depende del idioma que hablemos y, más aún, del poder que adquiere la palabra escrita, entre muchas otras cosas. Los ensayos del libro se toman de la mano uno a otro de modo gradual. La reflexión primera, “Palabra y poder”, que le da título al libro, gira en torno al poder de la palabra en general y alude a la trascendencia del tomar conciencia de las palabras. En este ensayo, Rosado hace notar cómo, por desgracia, en la actualidad se le confiere mayor importancia a la imagen concreta que a la palabra, pues muchos se han encargado de devaluar el poder de esta última con el abuso de la retórica o de la demagogia. No obstante, el autor señala que la palabra escrita, independientemente de los abusos del habla, lejos de minimizar su poder, lo incrementa y lo expande a través del tiempo. Dicha idea está vinculada con el texto siguiente, “Carta imaginaria a José Bergamín”, el cual trata del “milagro de la escritura”, ya que ésta favorece la memoria y la preservación de las tradiciones.

Por su parte, en el tercer ensayo, “El eterno espectáculo de la representación”, se reflexiona sobre el arte de la palabra, sobre el problema de la representación mediante la palabra artística, para concluir que “si se eliminara el mundo aparente se eliminaría del mismo modo el lenguaje y por tanto la interpretación”. Una vez que Rosado entra en el terreno del arte de la palabra, de la literatura, sus ensayos se tornan cada vez más particularizados: el cuarto de éstos, ”Armas y letras”, se centra en la literatura; sobre todo, en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, la magna obra de Miguel de Cervantes Saavedra.En el resto de los ensayos, el autor reflexiona sobre diversas obras de la literatura hispanoamericana y explora en ellas distintas facetas, sin dejar de mostrar las funciones de la literatura que realzan el poder de la palabra escrita en la vida cotidiana (la función social, la política y la crítica, principalmente). El autor abarca, también, las figuras y obras de dos autores que han sufrido la censura: Henry Miller y Pier Paolo Pasolini.

Palabra y poder concluye con un ensayo titulado “Modalidades de la divinidad”, en el que se apuesta por la palabra hecha ley, por la ética y la moral personales que emergen de la vida, de la experiencia y de las reflexiones en torno a ella. De esta manera, Rosado nos recuerda que la palabra tiene algo de humano y algo de divino, que la naturaleza híbrida del Logos se torna omnipotente y omnipresente, por lo que debemos recobrar su sacralidad en el mundo actual, donde lo que no se ve ni se toca no cobra sentido. LC

Juan Antonio Rosado, Palabra y poder,
México, Sello Bermejo, 2006.


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