Berta Taracena

 

Por Lily Kassner

 

Berta Taracena nació en la capital de la república en el año 25 del siglo pasado, en el seno de una familia cuya amplia cultura le permitió una formación intelectual de primer orden, que se consolidó con su ingreso en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la carrera de Historia, la cual cursó en la Facultad de Filosofía y Letras institución; que posteriormente sería también mi Alma Mater.

Con su hermana Gloria habría de formar desde su juventud una eficiente y entusiasta dupla que logró varias empresas culturales, destacándose la fundación de la Galería Mexicana de Arte, de la que fue directora.

Con Berta Taracena me une, además de una personal estimación, el privilegio de haber sido, aunque en épocas distintas, discípulas de eximios maestros como Francisco de la Maza y Justino Fernández. De este último nos fue dado aprender y conocer la interrelación y continuum que existe entre los diferentes periodos del arte en México: prehispánico, virreinal, moderno y contemporáneo, que desplegó el doctor Fernández en el estudio crítico de una triada conformada por obras cumbres del arte nacional: la talla directa de esa piedra monumental conocida como Coatlicue; El Altar de los Reyes, en la capital metropolitana; y El hombre en llamas, mural pintado por José Clemente Orozco, en el Hospicio Cabañas en Guadalajara.

Dicha interrelación, como dice la maestra Taracena, "constituye un fenómeno singular y único y se debe a un conjunto de rasgos y elementos que cohesionan la idea de una coherencia original por sus cualidades de monumentalidad y riqueza imaginativa. Forma, línea, color, fantasía, y significado, se entretejen para definir la idea de un arte con rasgos particulares."

Sustentada en esas convicciones teóricas, concebidas a partir de la cátedra de Justino Fernández, las cuales configuran una estética del arte mexicano, Berta Taracena ha edificado una obra que, por su calidad y amplitud, es referencia inevitable para quienes nos hemos dedicado a estos menesteres, tanto en publicaciones periódicas como en la realización de exposiciones, redacción de monografías y libros de historia y crítica de arte.

Berta Taracena, mediante una labor constante y ejemplar, desde muy joven se impuso la tarea exhaustiva de escribir y publicar un promedio de dos artículos a la semana, reseñando y comentando las exposiciones de artes plásticas del momento y otros eventos y noticias sobre el tema. Por otra parte, Taracena realizaba labores de investigación, edición y elaboración de libros, así como trabajos de museografía. Recordemos que en su juventud, gracias a que su padre fue senador de la república, y amigo de Carlos Chávez —entonces Director de Bellas Artes—, Berta Taracena logró participar en la planeación y ejecución de las famosas exposiciones de arte mexicano realizadas por Fernando Gamboa, que reunían piezas insertas en un lapso de más de tres mil años, las cuales viajaron a diversas partes del mundo con un éxito insólito.

También, con su trabajo crítico, ha inaugurado y abierto caminos, conformando una basta galería de artistas plásticos quienes, debido al tino de su consideración, fueron ubicados en el contexto cultural e histórico correspondiente.

Así, antes de que a mí se me hubiera ocurrido siquiera, la conocida crítica de arte Berta Taracena ya había estudiado la obra pictórica de Jesús Reyes Ferreira, a quien luego conocí personalmente y tuve la fortuna de ser su amiga, amén de haber sido el objeto de estudio para mi tesis de maestría en Historia del Arte.

Con todo el respeto que me merece, quisiera referir otras coincidencias felices que he tenido a lo largo de mi carrera como escritora de esta especialidad: nuestra admiración por la obra de María Lagunas y Pedro Cervantes; de quienes hemos publicado sendas críticas, desde luego ella primero.

Y otra, que es una constancia de fidelidad a las enseñanzas de nuestro admirado maestro Justino Fernández, quedó de manifiesto en la exposición que realicé en el Museo Universitario de Ciencias y Arte (MUCA), cuando fui directora de esa institución de la UNAM, Tiempo, Piedra y Barro. Esta magna muestra de arte tridimensional tuvo como criterio no sólo la selección de excelencia de la factura de piezas prehispánicas y la calidad estética de connotados escultores contemporáneos, sino también las semejanzas formales que significó comparar creaciones de épocas tan distantes, pero que representan las cualidades de ese continuum preconizado por Justino Fernández.

Mi admiración por la persona y la labor crítica de Berta Taracena es y ha sido indiscutible y total.

PRIMAVERA 2009.
[Versión del texto leído en el homenaje a Berta Taracena,
Museo "Leopoldo Flores" de la UAEM.]


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