Algunas andanzas de
Owen en el ICLA

 

Francisco Javier Beltrán Cabrera
Cynthia Araceli Ramírez Peñaloza


En Sinaloa no me vieron niño
y sí me hallaron teólogo en Toluca.
(Segunda versión superflua,
“Laberinto del ciego”.)
GILBERTO OWEN

Como ya ha sido reconocido por la crítica, la poesía de Owen es un acto de conciencia, al menos, en dos sentidos: en el percatarse de y en los juicios que sobre su propia persona vierte. Esta conciencia constituye su visión de la condición del hombre ante el mundo, ante sí mismo y ante la poesía.

Entre las múltiples consideraciones existentes en torno al concepto de conciencia, se ha escrito que ésta es

Una relación del alma consigo misma, […] una relación intrínseca al hombre ‘interior’ o ‘espiritual’, por la cual se puede conocer de modo inmediato y privilegiado y, por lo tanto, se puede juzgar a sí mismo de manera segura e infalible. Se trata […] de una noción en la cual el aspecto moral –la posibilidad de autojuzgarse– se relaciona estrictamente con el aspecto teórico, la posibilidad de conocerse de manera directa e infalible. (Abbagnano, 1966: 196)1

Así pues, el autoconocimiento, con el consiguiente juicio, es requisito para la conciencia, situación que Owen comprendía perfectamente; lo cual es evidente a partir de las numerosas reflexiones que al respecto encontramos, no sólo en su poesía, sino también en otros escritos, como por ejemplo en su correspondencia. Owen observaba su existencia, reflexionaba sobre ella, repasaba cuidadosamente sus más trascendentales experiencias, así como a los participantes en ellas. Esta preocupación oweniana fue una constante, no sólo en su vida, sino también en su poesía; en este sentido, el resultado más notorio es Sindbad el varado, poema que, a manera de bitácora de viaje, repasa los aspectos más importantes vividos por el poeta, por el varado marinero. Estamos hablando del viaje de la conciencia, de la única posibilidad de movimiento, de libertad, que puede experimentar el ser, atado a su mortal y humana condición, lo cual explica la paradoja del Sindbad varado.

De vuelta con las reflexiones teóricas sobre la conciencia, tenemos que:

Ser consciente es vivir la particularidad de su propia experiencia, trasponiéndola en la universalidad de su saber. Es decir, que la conciencia no puede describirse más que como una estructura compleja, la de la organización misma de la vida de relación que ata al sujeto a los demás y a su mundo. (Ibid.: 197)

Esta última cita es aun más descriptiva de la poética que ahora nos ocupa, pues, para Owen, la poesía es un acto de conciencia de sí; mediante la construcción de un tiempo fijo, que es el instante, se manifiesta el sistema personal, la reflexión creadora sobre la existencia humana en general y sobre su existencia profana en particular. Por esto es posible la bitácora del viajero estancado, la relación de las aventuras del inmóvil, los 28 poemas de Sindbad el varado, crónica de una vida cuyos principales episodios son reseñados en un mes.

Así pues, en la poesía de Owen, la conciencia es un punto importantísimo, pues “ser consciente es ser capaz de captar su propio conocimiento en las categorías de la comunicación verbal” (Ibid.: 25). Curiosamente, esta captación no ocurre como mecanismo de expresión de la conciencia, sino como finalidad de la misma. Es decir, si traducimos estos términos al dominio de la poesía, tenemos que ésta es un acto de conciencia, cuyo fin último es la poesía. Efectivamente, se trata de una redundancia que significa poner la poesía en el extremo de su definición. La conciencia es una, pero la poesía es otra, en tanto que es quehacer. Ambas tienen un punto de unión: la revelación del mundo que hace la conciencia, y la forma en que esto es expresado por la poesía.

Owen lo comprendía así; por ello su conciencia no podía ser simplemente ”expresada”. La conciencia de sí mismo no es suficiente para su ser poético; se requiere su reelaboración, construirse ahí donde el lenguaje alcanza su lugar más alto, no sólo como soporte o instrumento de la conciencia. El lenguaje da una característica o función de la conciencia; sin aquél, ésta no existe, es a través del lenguaje como la conciencia se encuentra capturada y, en el nivel poético, revelada: “Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos”.

Mirarse a sí mismo es la fuente de la poesía de Owen. De aquí que muchos críticos han seguido la biografía de este poeta sinaloense en busca de claves, datos que esclarezcan el sentido de sus versos, en su mayoría herméticos. La riqueza de esta tarea nos ha llevado a la búsqueda de información sobre aspectos biográficos de Owen, especialmente concernientes a su estancia en la ciudad de Toluca, con la finalidad de acercarnos a varios elementos poéticos presentes en su obra. Con base en los primeros hallazgos, han sido publicados ya artículos y notas periodísticas; los cuales, a su vez, han generado otras interpretaciones, como la publicada por Guillermo Sheridan en la revista Vuelta del mes de octubre de 1996.

El interés de este escrito es informar de algunos datos más encontrados durante el trabajo de archivo aún en proceso. Las fuentes son, principalmente, el Archivo General de la Universidad Autónoma del Estado de México –que corresponde al otrora Instituto Científico y Literario, donde Owen estudió–, además del Archivo Municipal, el Archivo Histórico del Estado de México y los archivos de las escuelas normales. El propósito de esta búsqueda ha sido precisar algunos datos biográficos y comprender la formación literaria que tuvo Owen durante los años de 1917 a 1923, tiempo de estancia en Toluca de este eterno viajero que había de comenzar su recorrido en el Rosario, Sinaloa, para terminarlo en Filadelfia, EE. UU.

Owen llegó a la ciudad de Toluca a iniciar su formación escolar en el año de 1917. Durante éste y el siguiente, cursa los dos años que entonces comprendía la educación primaria. El certificado que acredita dichos estudios aparece con el nombre de “Oven Gilberto”. La presentación de tales documentos fue un requisito para ingresar a primer año de secundaria, nivel escolar que entonces se impartía en el Instituto Científico y Literario del Estado de México (ICLEM), y que era equivalente a lo que hoy sería la preparatoria.

En el expediente del alumno Gilberto Oven, se encuentra una copia certificada del acta de nacimiento, la cual comprueba que el nombre oficial, asentado en el Juzgado del Registro Civil del Rosario, es “Gilberto Estrada”, información a la cual se agrega “hijo natural de Margarita Estrada”. Además, el acta número 160 demuestra que el niño Gilberto Estrada nació el 13 de mayo, a las dos de la mañana, del año de 1904.

De lo anterior debe destacarse que Gilberto Estrada llega a Toluca a la edad de 13 años, y es aquí donde queda registrado, en los documentos escolares, con el apellido paterno de “Oven”, mas no Owen, como a la fecha lo conocemos. Igualmente, podemos ver que los Owen sí nacen en el fatídico día 13, aunque no de febrero, como el autor dejara escrito, no sólo en su poesía, sino también en documentos oficiales.

En 1919, en la relación de alumnos inscritos a la secundaria, aparece, número de lista 43, página 49, el nombre de Oven Gilberto –en calidad de externo, edad 15 años, originario de Rosario, Sinaloa, tutor Sr. Bardomiano Estrada, domicilio Isabel la Católica # 31–, quien ha sido registrado para cursar las materias de primer año de secundaria. La fecha de inscripción es el 30 de enero de 1919. En la misma página, con el número 68, encontramos el nombre de la media hermana del poeta, Guerra Enriqueta –19 años, originaria de Tepic, con el mismo tutor que Owen y la misma dirección–, inscrita un día después, 31 de enero, a 2° año de Comercio. Un tercer alumno llama la atención en esta lista: Sánchez Rafael –núm. 78, 18 años, inscripción a 1° de Comercio, registrada el 4 de febrero, con domicilio: Lerdo # 10. Como bien se sabe, la amistad entre Owen y Rafael Sánchez tiene consecuencias tan importantes como la publicación de los Primeros poemas.

La primera vez que nos encontramos con el apellido paterno de Owen es en la lista de asistencia a la materia de Francés. En este sentido, también resultan interesantes las listas de asistencia mensual a la clase del profesor Filiberto Navas –hombre atlético que impartía las materias de Ejercicios Físicos Militares y Gimnasia–, donde, inicialmente, algunas veces nuestro poeta aparece como Estrada Gilberto, y en otras, Estrada Oven Gilberto. Posteriormente, en el mes de febrero, tenemos Gilberto Oven Estrada. En marzo, la lista es reordenada, y en ella se registra a Estrada O. Gilberto, denominación que permanece hasta junio, cuando reaparece Estrada Gilberto, que, en agosto, vuelve a ser Estrada O. Gilberto. El ciclo escolar termina con Estrada Gilberto y sus 28 inasistencias (E. 6466).

La caótica situación reflejada en las listas del profesor Filiberto Navas es una muestra del conflicto que el nombre significó para Gilberto Owen. Imaginamos que el profesor Navas corrigió tales listas cotejándolas con el acta de nacimiento; sin embargo, así como ocurrió en algunas listas de la materia de Ejercicios Físicos, el apellido con el que nuestro poeta es oficialmente aceptado en el Instituto es el de “Oven”, aunque de vez en cuando, realmente pocas veces, la ortografía cambia a Owen.

Durante el año que Gilberto Owen estuvo en el ICLEM, estudiando la secundaria, tuvo por compañeros a otros poetas que en aquellos años empezaron a señalarse como tales; éste es el caso de Rafael Sánchez Fraustro, Juan Meana, Roberto Nava y Custodio Jaimes; todos ellos escritores de poca importancia, excepto el primero, Rafael Sánchez. Además, este autor –a quien Owen dedicara poemas publicados en Primeros poemas, libro que se dio a conocer gracias a la generosidad y previsión del propio Rafael Sánchez– fue también compañero de correrías colegiales y de aventuras literarias, principalmente en publicaciones locales. Aunque menos cercanos a nuestro homenajeado, debemos asimismo tener presentes a otros poetas institutenses: Horacio Zúñiga, Juan Rosas Talavera y Josué Mirlo.

Lo anterior da cuenta de cierto ambiente literario que Owen absorbió, y del cual también participó. En el Instituto, algunos de los profesores sentían afición por la poesía; en este sentido eran conocidísimos el licenciado Juan B. “El Vate” Garza, Heriberto Enríquez y Felipe Villarello. Entre ellos, el más importante de los profesores que tuvo Owen fue este último, don Felipe Villarello, quien, además de ser abogado y funcionario gubernamental, era poseedor de una escritura muy ligada a los cánones de la preceptiva literaria tradicional; en especial, sentía gran inclinación por la poesía latina. En su época, fue el escritor con mayor rigor formal que existió en Toluca, destacando en el Instituto como el profesor con mayor presencia, no sólo por la cantidad de alumnos a quienes impartía clase, sino por la influencia que ejercía en ellos, debido principalmente a su calidad como profesor. Owen fue su alumno en los cursos de Idioma Nacional y de Moral.

Por su importancia para comprender la poesía de Owen y el rigor con que la ejerció, es necesario destacar la presencia del profesor Villarello, así como la formación que en cuestiones gramaticales y literarias compartió con el discípulo que se acercaría a él, no sólo en el Instituto.

En aquella época, las clases de Idioma Nacional se desarrollaban en dos años, cuyos contenidos se dividían entre los aspectos gramaticales de la lengua –comenzando por los aspectos morfológicos, hasta llegar a los sintácticos– y la composición literaria. El mayor énfasis se orientaba hacia el buen uso de la lengua oral y escrita, tanto como hacia la formación literaria en composiciones de poesía, cuentos cortos, pequeñas narraciones, descripciones, retratos y cartas; en principio bajo la propuesta temática del profesor, para posteriormente llegar al desarrollo de temas libres. Desgraciadamente, no hemos encontrado estas composiciones literarias de Owen, pero por los contenidos de los cursos –agréguense también los cursos de Literatura Castellana– y la mirada atenta y rigurosa del profesor, no es difícil convencerse de que son ciertas las palabras de Owen cuando escribe en su “Nota autobiográfica” de 1933: “Hice versos gongorinos y salté a México”, refiriéndose a su formación literaria en Toluca. Asimismo, debemos considerar las palabras referidas a Felipe Villarello, en una carta a Elías Nandino:

Tus décimas a XV me conmovieron. Yo no soy capaz de escribir así, porque una vez nos peleamos don Felipe N. Villarello, mi profesor de retórica y poética, y yo. Se atrevió a decirme que mis versos en latín estaban bien, pero que era “un latín de cocina”, y en el mismo instante me dediqué a lo que con tanta gracia llaman verso libre, aunque siempre como que es un poco más rígido. (Carta a Elías Nandino, Filadelfia, 1 de agosto, viernes por la tarde, 1949. Owen, 1979: 292)2

Gilberto Owen no regresa al Instituto en el año de 1920. Puesto que entre sus declaraciones biográficas se encuentra la de haberse formado como profesor en Toluca, decidimos revisar los archivos de las dos escuelas normales que hubo entonces en esta ciudad. Sin embargo, en los archivos de las citadas escuelas, el nombre de Gilberto Owen, incluidas sus múltiples variantes, es desconocido. Nada de él hemos encontrado.

Por lo anterior, es nuestra opinión que Owen magnificó su estancia y su formación en el Instituto Científico y Literario del Estado de México, a la vez que, si no ocultó, al menos corrió un velo sobre los cuatro años siguientes al de 1919.

Sin embargo, dos distintas clases de documentos encontrados obligan a continuar averiguando. En el primer tipo, encontramos un texto enviado al Ejecutivo del Estado de México, con fecha del 16 de febrero de 1921. En él, la Cámara Local Estudiantil expresaba sus reflexiones para la designación del director del ICLEM, exponiendo cuidadosamente la pertinencia de considerar la participación y opinión de los alumnos en nombramientos como el que se aducía. Firman “Por la unión, por la patria y por la raza”, entre otros, Gilberto O. Estrada, como El Secretario de la Comisión Permanente, y Rafael Sánchez Fraustro, como El Secretario del Interior de la Cámara. Las suposiciones son varias, pero la inicial es que Owen siguió siendo estudiante en alguna de las instituciones escolares de esta ciudad, que en aquellos años tenía aproximadamente 20 mil habitantes.

La segunda clase de escritos está formada por tres diferentes textos, relacionados entre sí. El primero es un oficio dirigido al C. Gilberto Owen Estrada (ahora sí, el nombre aparece claramente escrito), nombrándolo “Vocal del Jurado que habrá de verificar el examen extraordinario de Literatura General y Castellana, que sustentará el joven Samuel C. García”, firmado por el Prefecto Superior del ICLEM, en Toluca, el 26 de abril de 1923. Muy similar es el segundo: se trata del citatorio al examen oral extraordinario del mismo curso, al mismo alumno. Es éste una circular dirigida a los “señores Profesores cuyos nombres van insertos al margen”, el segundo de los cuales es Gilberto Owen Estrada. Puesto que el escrito especifica que los destinatarios deben firmar de enterados, nos es posible leer con claridad lo que más nos interesa: la firma –Gilberto Owen– y su rúbrica –una línea a manera de subrayado, que es prolongación de la G mayúscula inicial, así como la también prolongación, sólo que ondulada, de la cauda de la n final.

El tercer documento es el tema a desarrollar para la prueba escrita del citado examen extraordinario; por supuesto, en este texto, fechado el 27 de abril de 1923 y firmado por el Jurado Calificador –integrado por el Presidente, el Vocal (nuestro poeta) y el Secretario–, tenemos las mismas firma y rúbrica del anteriormente descrito. Por todo lo anterior, sabemos que en 1923 el apellido materno ha desaparecido definitivamente, y que el nombre que aquí hemos seguido es ya claramente Gilberto Owen. Para entonces, el joven poeta está por cumplir los 19 años.

Así pues, a partir de estos documentos ya no cabe duda sobre la forma que ha adquirido el nombre, claramente escrito en su versión anglosajona en la firma de ellos, mientras que en casos anteriores nuestro poeta sólo anotaba la abreviatura “O”, o bien la castellanización “Oven”, ante lo cual destacaba el apellido Estrada.

Otro aspecto interesante de estos documentos es la presencia de Owen como jurado de un examen. En el ICLEM, los exámenes finales o bien los extraordinarios –como es el presente caso– se aplicaban ante un jurado integrado por tres profesores; si de entre la planta docente no se completaba el jurado, la dirección podía nombrar una persona externa que fuera reconocida en la disciplina motivo del examen. Así pues, aunque Owen no hubiera continuado sus estudios preparatorios, el nombramiento que se le hace como jurado hace suponer que era reconocido por sus actividades literarias en la ciudad; consideremos los términos en que se solicita su participación: “La Dirección de mi cargo, teniendo en cuenta el alto valor intelectual de usted, se ha servido nombrarlo […]”3

Hasta aquí, podemos destacar dos hechos que demuestran que ya desde su estancia en Toluca el poeta de Rosario, Sinaloa, era un escritor en ciernes: el primero, y menos conocido, es su variada participación en revistas literarias de la época; el segundo, el que los primeros versos que de él se conocen están fechados en Toluca, de 1920 a 1922.

Los ahora llamados Primeros poemas aparecieron publicados en 1957, en una edición del Gobierno del Estado de México, para más tarde, en 1979, ser incorporados a las Obras, editadas por el Fondo de Cultura Económica. En dichos poemas desconocemos la escritura de Owen, tanto por la temática como por la sencillez de la forma. Se trata de poemas cándidos, tradicionalistas y llenos de la inspiración provinciana. Son pocas las características que Owen mantuviera desde estos primeros poemas, entre otras cosas porque cada libro que Owen escribió era distinto al anterior, y no sólo porque corresponden a etapas diferentes, sino porque cada libro era una innovación, un constante recomenzar. Así, podemos recorrer “Desvelo”, “Línea”, “Novela como nube” y “Perseo Vencido”. Incluso, en su etapa madura, cada verso de Owen es una propuesta distinta, acumulada a la belleza del verso anterior.

A la fecha, no conocemos un estudio detenido sobre los primeros poemas de Owen, poemas que para algunos no valen la pena, excepto para conocer la evolución o los cambios que experimentó el trabajo literario de este autor. Pese a lo anterior, deben ser mencionados, porque son parte de la formación literaria de Owen mientras estuvo en el “frío aséptico de Toluca”.

Respecto a la participación de Gilberto Owen en publicaciones locales, en primer lugar hay que decir que pese a las carencias económicas y a la falta de lectores, esta pequeña ciudad que comenzaba a reorganizar su economía tenía sus órganos de divulgación e información. No se trata ahora de hacer la lista de las publicaciones de entonces, algunas de las cuales se caracterizaron por ser de asociaciones religiosas, mientras que otras eran oficiales, aunque, desde luego, las hubo también independientes. Sólo interesa mencionar las publicaciones en las que Owen participó.

En primer término, destaca Raza Nueva, revista quincenal ilustrada, publicada en 1922. Director general y fundador: Gilberto Owen; director Artístico: Heriberto Enríquez; gerente administrador Juan Manuel Ortigoza; colaboradores: Leopoldo Zincúnegi Tercero, Enrique Carniado, Abel C. Salazar, Aurelio Vivanio de Villegas, nombres todos ellos de poetas importantes en las letras toluqueñas. También en este año, durante septiembre, Owen escribe para Esfuerzo, revista quincenal ilustrada, otro de cuyos colaboradores es Enrique Carniado.

En Manchas de tinta, semanario ilustrado publicado en mayo de 1920, fue colaborador y secretario. Además, con Rafael Sánchez Fraustro y otros compañeros formó un pequeño periódico manuscrito llamado El tank. Se dice que también colaboró en El regional, revista quincenal de medicina veterinaria. En opinión de don Gonzalo Pérez Gómez, un connotado bibliotecario con visión de la cultura regional, Gilberto Owen fue un prolífico escritor de notas, algunas de ellas publicadas con seudónimos como Máximo Manso, El amigo Manso, Mínimo Triste y otros.

Muchas de estas revistas se tiñeron por la espontaneidad de sus animadores y su corta duración, como muchas revistas similares. Pero si se obtuviera una lista de las publicaciones periódicas de entonces, entre libros y revistas, en Toluca hubo vida cultural que en aquellos años participó del reinicio después de la destrucción que en ese terreno significara la Revolución Mexicana.

Desgraciadamente, las publicaciones donde colaboró Gilberto Owen, en calidad de Director, Secretario o colaborador no es fácil encontrar en la ciudad de Toluca. Tal vez con un seguimiento más constante y tenaz se puedan localizar, sólo con la idea de contar ese material como parte de la formación y ejercicio de escritura que significó en Owen.

Mención aparte se merece el hecho de que Owen ocupó la subdirección de la Biblioteca Pública de Toluca. Desempeñó este cargo desde el 11 de abril de 1920, hasta el 27 de agosto de 1923, momento en que se traslada a la ciudad de México. Fuente de ingreso para su familia, la importancia de este hecho radica en que laborar en esa biblioteca le dio acceso a los libros novedosos que ahí llegaban.

No se ha encontrado elementos de apoyo, pero consideramos la hipótesis de que fue allí donde Owen leyó y se aferró a Juan Ramón Jiménez (Diario de poeta y mar, de 1917, que guarda una estructura similar a la Bitácora de febrero que es Sindbad el varado). Todos sabemos que Jorge Cuesta recriminaba a Owen su adición a la poesía juanramoniana; sin embargo, críticos como Tomás Segovia, Juan García Terrés y Carlos Montemayor, entre otros, han señalado la influencia de este poeta español en la poesía madura de Gilberto Owen, particularmente en el “tono hablado” (Segovia) y en la religiosidad impresa en la poesía (Terrés).

Es también importante considerar la presencia de Owen en la Biblioteca Pública Central por las declaraciones que hizo en el sentido de su formación teológica. No son gratuitos los versos aquellos que dicen “O volveré a leer teología en los pájaros/ a la luz del Nevado de Toluca”. En realidad se trata de una imagen, la visión de Owen representa así sus lecturas, pero también es el dibujo de los libros que formaron parte de la biblioteca que atendió. Owen no exagera cuando escribe: “dirigí una biblioteca en la que había más de Teología que de Física”.

Una sola vez hemos tenido acceso a la biblioteca de entonces. En la actualidad, es celosamente guardada, pero basta con estar frente a los estantes para recordar y comprender las frases de Owen.

Al comienzo de estas notas, se hablaba de la conciencia, concretamente del modo en que Owen ejerció la poesía como un acto de conciencia de sí, del mundo y de la poesía misma. No en balde, el centro vital en Owen es la poesía. Desde esta perspectiva, el ejercicio literario que tuvo en Toluca forma parte de esta toma de conciencia. Al menos se puede decir que por la diversidad de actividades literarias, así como por la cercanía con personajes del mundo cultural toluqueño, es posible pensar que su estadía en esta ciudad coincide con el inicio de esta toma de conciencia.4 Por los aspectos aquí expuestos, a la edad de quince años Gilberto Owen comenzaba a orientarse y a ser guiado en la difícil actividad de la literatura, en el ambiente social y cultural que entonces ofrecían el Instituto Científico y Literario y la ciudad de Toluca.

Esperamos que no se malentienda el afirmar que en Toluca ocurrió esta toma de conciencia, o que fue entonces cuando Owen decidió dedicarse a la literatura; no hay la pretensión de que los toluqueños queramos apropiarnos de este célebre nombre. Para fortuna de la poesía mexicana, y para fortuna de Owen mismo –desde luego también para quienes ahora somos sus lectores–, éste dejó Toluca –salida que más tarde habría de repetir en cada uno de los otros lugares donde vivió–, y continuó su labor en contacto con otros nombres tan famosos como el suyo y los de Jorge Cuesta, Xavier Villaurrutia o Salvador Novo, sólo por mencionar los más asociados a la ciudad de México.

Hay cierta tendencia en la crítica literaria a buscar y encontrar, en los primeros años de creación poética de un autor, señales que lo identifican en su literatura posterior. En el caso de Owen, aún nos falta examinar con cuidado esos primeros pasos. Esperamos que, con los indicadores expuestos en este escrito, podamos acercarnos otro poquito más a ese misterio que es la poesía de la conciencia teológica que Gilberto Owen dijo ser.

Notas

1 Nicola Abbagnano (1966), Diccionario de filosofía, 2ª ed., México, FCE.

2 Gilberto Owen (1979), Obras, México, FCE (Letras Mexicanas), 318 pp.

3 También es probable que Owen realmente fuera profesor en alguna escuela, sin embargo, hasta el momento no hemos encontrado ningún dato que corrobore esta suposición.

4 En realidad, esta idea se origina en la tesis de una estudiante norteamericana llamada Effie Jolene Boldridge, The poetry of Gilberto Owen (s.l.), tesis (Doctor of Philosophy), University of Missouri-Columbia, 1970; quien al parecer tuvo la intención de averiguar más de lo que ella escribió a propósito de los años que Gilberto Owen pasó en Toluca.


 

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